Nuestra especie ha evolucionado en un ambiente naturalmente radioactivo.

Nuestro planeta está siendo bombardeado constantemente por partículas provenientes del espacio que reciben el nombre de rayos cósmicos y que consisten principalmente en protones, núcleos pesados, partículas alfa y beta y radiación gamma. La atmósfera actúa como un filtro y disminuye la cantidad de esta radiación que llega a la tierra, pero no su totalidad. Además, la tierra y los elementos que se encuentran en la naturaleza emiten radiación, ya que parte de sus constituyentes son elementos radioactivos, como por ejemplo potasio 40, rubidio 87, uranio 238, torio 232 y radón.

La cantidad de radiación proveniente de estas fuentes naturales varía sustancialmente según el lugar geográfico. Gran parte de la radiación que recibimos surge de los pisos y paredes de los recintos que habitamos, ya que los materiales utilizados para la construcción se obtienen a partir de elementos naturales que contienen radionucleos. Por otra parte, los alimentos que ingerimos, el agua que bebemos y el aire que respiramos también tienen en su composición una pequeña porción de elementos radioactivos. Y no olvidemos que nuestro propio organismo contiene potasio, parte del cual es también radioactivo. Pensemos ahora, por ejemplo, en aquellas personas que son viajeros frecuentes o personal aéreo. Ellas están expuestas a una cantidad extra de radiación cósmica en comparación con quienes acostumbran a estar con los pies en la tierra, ya que el filtro y la protección que brinda la atmósfera es menor a grandes alturas.

Cerca de la mitad de la radiación natural que recibimos se debe al radón, que es un elemento perteneciente al grupo de los gases nobles y por lo tanto muy inerte químicamente. Es inodoro, incoloro e insípido en su forma gaseosa. El isótopo más estable y abundante en la naturaleza es el radón 222, un radioisótopo cuya vida media es de 3,8 días. Decae emitiendo partículas alfa y sus productos de decaimiento son también radioactivos. Estos productos de decaimiento depositados en la tierra, las rocas y el agua producen una dosis de radiación por inhalación de las partículas de polvo a las que se adhieren. Entonces todos los seres humanos estamos expuestos a radiación tanto externa como interna a nuestro cuerpo, y nuestra especie ha evolucionado en presencia de la radiación y probablemente también gracias a ella. Se llama dosis anual a la cantidad de radiación promedio recibida por la población en un año.