El cáncer es una de las enfermedades más temidas por la población en general. Aproximadamente el 40% de la población desarrolla algún cáncer a lo largo de su vida. No se sabe con certeza si ello se debe a factores del medio ambiente, alimentación u otros. Desde hace algunos años el avance en las técnicas para combatir el cáncer ha cambiado la forma de considerarlo: pasó de ser una enfermedad incurable a una enfermedad que en el 50% de los casos es curable y en otro gran porcentaje es más bien una dolencia crónica.

Esta enfermedad está relacionada con una reproducción celular descontrolada, a pesar de que existen varios mecanismos biológicos destinados a impedir que esto ocurra. Si se producen suficientes mutaciones en el ADN de forma que estos mecanismos sean anulados, entonces la multiplicación celular puede descontrolarse y dar lugar a la formación de cáncer.

Este crecimiento sin límite puede llegar a comprometer diversos órganos, interferir con funciones vitales y eventualmente provocar la muerte.¿Pueden las radiaciones ionizantes causarlo? Hasta el momento no se ha determinado claramente qué lo origina, pero sí se ha demostrado que varios factores contribuyen al riesgo de desarrollarlo. Estos factores de riesgo, que aumentan la probabilidad de contraer cáncer por encima de ese 45% de la población que mencionamos, son la exposición a varios agentes ambientales, así como el consumo de tabaco y el consumo de alcohol, entre otros, y también las radiaciones ionizantes, particularmente en altas dosis.

El desarrollo de la enfermedad es complejo y se cree que la exposición a la radiación tiene un papel importante en las etapas tempranas. El cáncer puede desencadenarse inmediatamente o bien tardar varios años en desarrollarse, debido a que en general son necesarias varias mutaciones para que la célula pierda el control de su reproducción. Ya que no es posible, salvo en casos específicos, discriminar un cáncer producido por la exposición a las radiaciones ionizantes de aquellos que ocurren normalmente, se recurre a la estadística para estimar el riesgo de contraer la enfermedad como consecuencia de la exposición a la radiación. Por ejemplo, en una población que haya sido irradiada, como la de Hiroshima, Nagasaki o Chernobyl, se puede cuantificar la cantidad de casos de cáncer y compararlos con una población que no estuvo expuesta a la radiación, y así se determina el factor de riesgo de contraer la enfermedad por la exposición a fuentes radioactivas.

Los principales tratamientos para curar la enfermedad están basados en el poder destructor que tienen las radiaciones ionizantes a nivel celular, y ese mismo poder es utilizado para destruir las células cancerígenas. Ocurre además que estas células son más sensibles a las radiaciones ionizantes debido a que todas sus funciones están dedicadas a la reproducción y no a intentar reparar los daños genéticos que se puedan producir, como lo haría una célula sana. Si el tratamiento radiante es efectivo, estas células mueren y el cáncer no progresa. El temor a la radioactividad está asociado probablemente a su carácter invisible y al hecho de que el cáncer, que puede eventualmente ser producido por mutaciones también invisibles, no muestre ningún signo hasta que la enfermedad está declarada. Además de provocar distintos trastornos de salud, algunos a corto plazo y otros a más largo plazo, dosis altas de radiación también pueden inducir cáncer con alta probabilidad.

Podemos considerar altas las dosis del orden de algunos sievert, que implican cientos de veces la dosis anual a la que estamos corrientemente sometidos. Dosis menores que 1 Sv no suelen provocar síntomas y en general no son advertidas, aunque pueden eventualmente aumentar el riesgo de contraer cáncer y fallecer por ese motivo en un plazo de años. Por ejemplo, una dosis de 0,25 Sv provoca un 1% de probabilidad de exceso de muerte por cáncer. Esto significa que, en una población de 100 personas en la que cada una de ellas reciba una dosis de 0,25 sievert, una de ellas fallecerá por cáncer debido a la radiación, además de las otras 13 que constituyen la frecuencia usual de fallecimiento por cáncer. Esta proporcionalidad entre dosis y exceso de muerte por cáncer se mantiene en un rango amplio de dosis y constituye la llamada hipótesis lineal. La hipótesis lineal se usa para establecer los límites seguros de dosis para todas las personas eventualmente expuestas a la radiación, sean trabajadores, pacientes o ciudadanos que reciban pasivamente alguna dosis. No se sabe si esta hipótesis es cierta a dosis muy bajas. Podría ocurrir que para ellas el efecto lineal no sea cierto y que el exceso de muerte por cáncer sea mucho menor. Hoy en día se aplica el conocimiento que poseemos, a pesar de ser insuficiente, siendo cuidadosos y conservadores para proteger la salud de la población.